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Entrevista a Leticia Sierra

Hay veces que te encuentras con una novela que te llama la atención pero, tienes tantas otras en la recámara que nunca te pones con ella. Un día, alguien te recomienda leerla, decides ponerla la primera de tu lista y descubres, asombrado, cuanto talento hay en personas prácticamente desconocidas.

Eso fue lo que me ocurrió con Animal, una maravilla de novela escrita por mi paisana, y desde hace poco, amiga, Leticia Sierra.

Hoy he querido compartir con vosotros la entrevista que he tenido el placer de hacerle, para conocer un poco más a la Leticia Sierra persona y a la Leticia Sierra escritora.


—Hay una verdad universal, estamos donde estamos por los hechos que nos han ocurrido en nuestra vida, tomamos decisiones, elegimos caminos… ¿Que episodio de tu vida, o qué autor o que obra te empujaron a querer escribir?



—Desde que tengo uso de razón he sentido la necesidad de expresarme a través de la palabra escrita o hablada. Así, con seis o siete años empecé a escribir cuentos que luego cosía con hilo para que se parecieran a los libros que veía en las librerías; me inventaba obras de teatro y "obligaba" a mis dos hermanas a interpretar todos los papeles mientras yo dirigía; en un viejo radiocasete grababa programas de radio en los que yo era la locutora de informativos, la de deportes, la que hacía las cuñas publicitarias con efectos de sonido incluidos; con quince años descubrí el teatro de Alejandro Casona y me fascinó, hasta tal punto que escribí mi primera obra de teatro -con la ayuda de Don Manuel, un maestro jubilado que vivía en mi mismo edificio- y en la que empleé casi todo el curso escolar. Fue maravilloso, aunque el resultado se pareciera más a un culebrón venezolano que a una obra de Casona. Siempre he tenido el veneno en la sangre de la palabra, de comunicar.

Mis padres siempre me empujaron a que desarrollara esa faceta creativa y siempre fomentaron la lectura en sus hijas, en especial mi madre que es una gran lectora de novela negra. No en vano, mi escritora fetiche es Agatha Christie. Creo que no me queda novela de ella sin leer.

Como curiosidad te contaré que me prohibieron la entrada en la biblioteca del colegio donde estudiaba porque tal era la velocidad a la que leía -un libro cada dos días- que la bibliotecaria pensó que sacaba los libros para pasearlos. Tuvo que intervenir mi madre para que me dejaran volver a sacar un libro de esa biblioteca.



—La literatura, el cine y la música, entre muchas otras cosas, nos ayudan a encontrar un pequeño escondite para nosotros solos, donde evadirnos de la rutina y nuestra propia vida. Antes de escribir novela, eras periodista, ¿como de importante es para ti transmitir unas ideas, unas historias que crees que no deben permanecer en un cajón?



—Soy periodista de formación y de vocación, y me siento periodista, aunque ya no ejerza como tal. Eso quiere decir que llevo el bicho dentro y ese bicho se traduce en inquietud y curiosidad, sobre todo. A mí, la literatura me permite contar historias, denunciar situaciones que acontecen a diario, muchas veces ante la pasividad y la impasibilidad de la sociedad y de quienes han de aplicar justicia. Y la literatura te permite ser mucho más honesta que el periodismo, porque eres tú y la historia. Nada más. Sin condicionantes externos como pueda ser una línea editorial o unos anunciantes. Los temas que más me aguijonean son la corrupción en general y la política en particular; la derecha de pernada a la que se suman muchos jueces, por el mero hecho de vestir una toga, que se creen con derecho de convertir los juzgados en su cortijo particular; la violencia de género en todas sus modalidades (física, psicológica, luz de gas, violencia vicaria, alienación parental...) y ¡ojo! cuando hablo de violencia de género me refiero a violencia de género, no violencia machista. Y hago este matiz porque -teniendo en cuenta que ahora mismo los modelos de familia han cambiado mucho- me hace mucha gracia que se excluya de este concepto con el que se nos llena la boca a los hombres que son maltratados por su mujer, a las mujeres que son maltratadas por sus parejas femeninas o a hombres que son maltratados por sus parejas masculinas. Tampoco deberían permanecer en un cajón el abuso infantil, el abuso sexual, el acoso escolar -la ley del Menor es demasiado laxa desde el momento en que para un menor matar es gratis y lo saben-, el proxenetismo y la permisividad hacia los clientes de la prostitución que son tan culpables como el propio proxeneta. ¿Por qué no se imputa a un putero, siendo ilegal la prostitución, de la misma manera que se imputa a un pedófilo? Y ya si nos metemos con el derecho Mercantil, la ley Concursal -que en teoría se promulgó para salvar empresas y en la práctica, las cierra- y la merienda de negros que, gracias a esta ley, se tienen montada jueces y administradores concursales...tendría para una trilogía.



—En cada etapa de nuestras vidas hay obras que nos han marcado, autores que se nos hacen indispensables, géneros que los atrapan. ¿Que obras crees que nadie debería perderse?


—Por supuesto, toda la obra literaria de Agatha Christie, sobre todo para los amantes del género. Pero tres obras que me impactaron fueron Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez, La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza y Los renglones torcidos de Dios de Torcuato Luca De Tena. Soy lectora de novela negra, novela policiaca (Mary Higgins Clark, Robin Cook, Alicia Giménez Bartlet, Domingo Villar, Lorenzo Silva, P.D. James, Anne Perry, Camilla Läckberg, Dolores Redondo...), pero también me gusta tocar otros palos (Vázquez Figueroa, Camilo José Cela, Gabriel García Márquez, Clive Cussler, Ken Follet, Alejandro Casona, Isabel Allende,...).

Y hay dos obras con las que no puedo y, a pesar de haber intentado leerlas en varias ocasiones, me parecen tostones y no he sido capaz de terminarlas. Y lo siento porque decir esto en voz alta es ser una blasfema literaria. No he podido nuca con La regenta de Clarín y con El Quijote de Cervantes. Soy una irreverente, mea culpa.



—Y un día, Leticia Sierra recibe una llamada para decirle, tu sueño se ha cumplido, vas a publicar Animal. ¿Como fue ese momento? ¿Que sentiste?


—De ese momento recuerdo que estaba trabajando, concretamente en mitad de una reunión en Valladolid. Era septiembre. Me llegó una llamada de Mónica Carmona, mi agente literaria. Recuerdo que salí de la reunión sorprendida por la llamada pues mi manuscrito estaba encima de su mesa desde julio y agosto es un mes inhábil a nivel editorial. La sala de reuniones estaba en un primer piso y atendí la llamada en el descansillo. Mónica me dijo que teníamos varias ofertas para Animal encima de la mesa y que tenía que decidir con qué editorial quería firmar. ¡Era como un sueño! ¡Iba a publicar! ¡Iba en serio! ¡Estaba ocurriendo! Cuando colgué el teléfono, después de decantarme por Ediciones B, de lo nerviosa y lo emocionada que estaba me caí por la escalera.Literalmente. Tuve el tobillo hinchado una semana.

Recuerdo aquel día como uno de los más emocionantes de mi vida. Fíjate cómo se me pondría la cabeza de revolucionada que no recuerdo qué hice ese día a nivel laboral a partir de aquella llamada. No recuerdo haber vuelto a aquel despacho, ni de lo que se habló en aquella reunión, ni nada de nada. Sólo recuerdo el subidón, la caída por la escalera, las llamadas a la familia más cercana y las llamadas del resto de la familia cuando se corrió la voz. Ese día llegué a casa con el tobillo hinchado y el culo dolorido por la caída, la oreja del tamaño de la de Dumbo de las llamadas a causa de la noticia y los ánimos sentados en la luna.


—¿Cuanto hay de ti en tu obra y cuanto de otros, o de ficción?


—Mi obra es toda ella ficción. Entera. No es autobiográfica,a pesar de que es una historia que creé para calmar a mi animal interior, para canalizar en algo creativo la rabia y la ira que sentí en un momento determinado de mi vida. Animal impidió que traspasara esa línea tan fina que diferencia al hombre de la bestia. Animal me salvó y el folio en blanco me sanó.

Los delitos que se cuentan en Animal existen y se producen cada día, incluso con mucha más brutalidad de la que yo narro. Los procedimientos policiales (cómo investiga el Cuerpo Nacional de Policía, qué unidades intervienen, con qué medios cuentan, cómo funciona una comisaría por dentro, qué jerarquía hay...) es real y verídica, a excepción de los tiempos. En la vida real, es difícil resolver un caso en tres días, porque los resultados de ciertas evidencias no se obtienen antes de semanas, pero yo necesitaba que la historia se desarrollara en un tiempo limitado, de manera que me permití ciertas licencias temporales. También es verídica la parte periodística: los tiempos, las tensiones, las presiones del medio de comunicación, la doble moralidad, la inmediatez a la que responden los periódicos hoy en día a causa del diario digital y de las redes sociales, la censura, lo desprotegidos que están los periodistas más veces de las que se ven y, normalmente, por parte del propio medio.

Y aunque todos los personajes son invención pura y dura, hay dos que están inspirados en personas reales: Mario Sarriá y Olivia Marassa.

Mario Sarriá, su forma de trabajar -su pulcritud profesional, su honestidad, su ecuanimidad- y su forma de ser -leal, fiel, protector, sensato- está inspirado en el fotoperiodista Pablo Nosti, quien fuera mi compañero -y amigo- cuando yo trabajaba en el diario El Comercio y que, a día de hoy, sigue ejerciendo de forma extraordinaria en el mismo periódico.

Olivia Marassa es mi alter ego. Para crear este personaje puse encima de la mesa toda mi experiencia como periodista local, todos mis conocimientos profesionales y sobre los medios de comunicación. Olivia investiga como lo haría yo, es inquieta, curiosa, persistente, no tira la toalla nunca, tiene una capacidad de trabajo brutal, siente la necesidad de conocer la verdad, le encanta metérsela a los periódicos de la competencia por la escuadra y no permite que la hagan comulgar con ruedas de molino. Pero Olivia es más valiente de lo que yo lo fui en su día cuando se trata de poner límites a sus jefes, de evitar que le pongan el pie encima y no duda en pegar un puñetazo encima de la mesa, si hace falta, si no quiere ir por donde la quieren llevar.


—No sé a ti, pero a mi la inspiración me sorprende en los momentos más inesperados, trabajando, intentando dormir… ¿Dejas todo cuanto estás haciendo para tomar notas, que no se te escape esa idea? ¿O solo escribes cuando quieres y donde quieres?


—Si tengo una idea la escribo como si es en la mano, si no tengo nada más para hacerlo. De hecho, las mejores ideas se me ocurren en la cama, cuando me acuesto a dormir....y es horrible, porque cuando estoy tan a gustito me tengo que levantar y anotarla.

A la hora de escribir, soy muy metódica. Escribo cada día, todos los días, sin exclusión de fines de semana y vacaciones. Y eso que a nivel personal soy anárquica, desorganizada, paso de horarios y vuelvo loco al más santo. Pero cuando tengo la historia en la cabeza, la documentación hecha y es momento de sentar el culo en la silla a escribir, soy alemana. Me obsesiono, la historia me impregna de tal manera que todo en mi vida gira en torno a ella: conduzco con la historia dando vueltas en la cabeza, plancho con la historia en la cabeza, estoy viendo una película en la tele y no me entero, porque estoy con mi historia... En el momento que me pongo a escribir y cuando me pongo a escribir es como si entrara en ese otro mundo que estoy narrando y mi mundo real se difumina. Por eso, en ese proceso de escritura mi portátil va conmigo a todas partes. Prefiero escribir en casa, marcándome unos horarios y unas rutinas diarias. Pero aprovecho cada ocasión. De hecho, parte de Animal lo escribí en un bar-pizzería de La Fresneda mientras esperaba a que mi hija saliera de sus clases de inglés.



—¿Que consejos le darías a quienes estén pensando en escribir una novela o, teniéndola ya escrita, busque publicarla?


—No soy la más adecuada para dar consejos. Animal es mi primer libro. A quienes están empezando a escribir un libro les recomendaría que sean constantes, metódicos y que vivan con pasión la historia que quieran contar. A quienes ya han terminado su libro, les diría que crean en él, que no tiren la toalla, que sean persistentes a la hora de mandar el manuscrito, que si pueden busquen un agente literario que les ayude y que eviten las editoriales de autoedición. Sobre todo, esto último.


—Si bien parece que por fin se ve luz al final del camino, estamos sufriendo un capítulo oscuro a causa de la Covid-19. ¿Como te afecta la pandemia a título personal? ¿Y como escritora? ¿Va a pasar Gracia por la pandemia también?


—A nivel personal el COVID me ha afectado como a todo el mundo. Ha sido y sigue siendo una situación dramática, terrible. Hemos visto cómo se nos limitaban las libertades, cómo se morían nuestros abuelos, nuestros padres sin que se pudiera hacer nada y, lo que es más horrible, solos; cómo se han tenido que cerrar negocios, cómo aumentaban las colas del paro, las colas del hambre. El COVID es la situación más cruel y horrorosa que nos ha tocado vivir a la generación de la democracia.

Y como escritora, imagínate. Ha sido un freno de mano en toda regla. Animal iba a salir en mayo del 2020. A causa de la pandemia se pospuso su lanzamiento a enero de 2021. Todas las restricciones de aforo y de movilidad han impedido una promoción adecuada fuera de Asturias. Y eso se nota y más cuando eres una autora novel y necesitas darte a conocer.


—¿Has tenido o tienes la tentación de escribir sobre la pandemia?


—No me imagino a Olivia Marassa con mascarilla. Aunque no descarto contar una historia en plena pandemia, de momento, no. Soñar es gratis y prefiero hacerlo sin bicho y sin mascarilla.


—¿Hasta qué punto tu estilo de escritura es un reflejo de tu pasado como periodista?


—Mi estilo de escritura es muy periodístico: frases cortas sin subordinadas, concisas, concretas, casi titulares, no abundan las descripciones... Obviamente, es un estilo muy influenciado por mi pasado como periodista.




—¿Consideras que tu vida es una vida de novela? Háblanos un poco de ti, ayúdanos a conocerte un poco más.


—Nada más lejos de la realidad. Mi vida es sencilla y muy tranquila. Soy feliz en casa, con un buen libro o una peli, una copa de vino blanco y la chimenea encendida en invierno o la piscina hinchable en verano. Mi pasión es la familia: mi marido, mi hija, mis padres, mi madrina y su marido, mis hermanas, mis sobrinos, mis dos perrinos Golfo y Pol. Me encanta dormir y odio madrugar. Soy más de mar que de montaña y mucho más de verano que de invierno. Soy feliz en pijama o con un vaquero, deportivas y camiseta. No me gusta maquillarme y cada vez aguanto menos los tacones. Mi momento zen del día es metida en una bañera de agua caliente, durante al menos media hora. Es mi momento y lo practico a diario. Aborrezco las tareas del hogar. Si hubiera nacido en otra época, me hubiera quedado para vestir santos. Me da pereza discutir y más cuando quien pretende discutir conmigo es intransigente con las opiniones ajenas. Así que callo, pero no otorgo. Simplemente, me aburre la idiotez -es un defecto para el que no necesito a nadie, puedo verlo con mirarme en el espejo cuando tengo un día torcido y estoy revirada- y cuando algo me aburre, desconecto.

Soy intensa, pasional, visceral y me gusta involucrarme en todo aquello que me importa, me interesa o me gusta. También soy políticamente incorrecta, demasiado transparente y sincera. A veces estaba mejor calladita. O eso me dicen quienes me conocen.

Me gustan las motos y me gusta conducirlas. De hecho, lo hago, cuando puedo y el tiempo me lo permite.

Y a pesar de la reflexión que lanzo en Animal, de que estoy totalmente convencida de que todos llevamos uno dentro más o menos dormido pero susceptible de despertarse en cualquier momento, creo en el ser humano. Creo que todo el mundo es bueno hasta que me demuestra lo contrario, pensamiento que me ha conducido a llevarme unas cuantas decepciones. Pero hasta de eso se aprende. Mi tía, Marichu, que era una sabia, siempre decía: "No te disgustes cuando a alguien al que aprecias se le cae la careta. Alégrate porque se le haya caído, porque ahora sabes quién es realmente". Y ese ejercicio es el que trato de practicar con todo el mundo. Por eso, quizás, no creo en las segundas oportunidades. Y no suelo darlas.

Me encanta la escala de grises que aporta la vida, pero ante determinadas situaciones o actitudes soy de extremos, de blanco o negro: por la de buenas soy muy buena -casi tonta-, pero por la de malas soy mejor.


—No sé si a ti te pasaría alguna vez, yo actualmente estoy pasando por ello en la novela en la que estoy trabajando actualmente. ¿Has tenido alguna vez el famoso bloqueo del escritor?


—Sí. De hecho, tengo un proyecto literario que comencé el año pasado y en el que tengo puesta mucha ilusión porque cuenta una historia durísima, con trasfondo histórico y que creo que fuera de Asturias poca gente conoce. Es una historia tremenda, interesante y que nos habla de la poca memoria que tenemos. Memoria selectiva. Pues tengo todo el trabajo previo hecho. Tengo la documentación, tengo la historia y no sé cómo contarla. Estoy bloqueada en ese punto, de manera que he tenido que aparcarlo, guardarlo en el cajón de mi mesa y dejarlo respirar hasta que el "cómo" fluya. La escritura nunca se puede forzar.



Solo me queda darte las gracias por permitirme hacerte esta entrevista, ha sido un honor. Sin duda alguna, no te muerdes la lengua y hablas sin tapujos de lo que otros prefieren no hablar, motivo más que de sobra para darte de nuevo las gracias, una y mil veces.

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